Heart found.
Belleti. Pasado constante en su presente, recuerdo maltrecho aún creciente; incapaz de dejarlo de lado fue como terminó por tomar otro tramo.
¿Cambio insignificante? Para muchos quizá, para un alma siendo todo. Un simple apellido marcado por la maldición de la grandeza que alguna vez tuvo, no siendo más que un rastreador de su persona entre sus enemigos.
Se pensaría que por su oscura naturaleza las cadenas hacia pequeños detalles de la realidad serían apenas una mínima preocupación; empero, resultan estos detalles a veces los que más peso pueden tener sobre las decisiones que se toman, y es cuando los que se encuentran cegados por sus propias acciones comienzan a reaccionar.
No para un bien mayor que no sea el propio y no para un cambio que sea motivo de elogio; una visión mucho mayor tomaba forma y no había quien se le colocara en contra.
Vyléigh. Las puertas hacia lo desconocido, aprendiendo de las pesadillas tras su primer apellido. Una nueva estrategia formulada que rescataba lo que su familia dejó y daba pie a la ambición personal.
Ni ella sabía lo que podría llegar a alcanzar, pero estaba dispuesta a ver hasta el punto máximo que se pudiera llegar.
[Ante el cambio de apellido el personaje sufrirá una transición, que no dejará de lado los roles ni historias que le marcaron como una Belleti, para quienes llegaron a relacionarse con ella. Por el contrario, todo lo anterior tendrá peso en esta nueva era de su ser, donde además habrá más ideas para quienes deseen crear una nueva trama con la misma.
Reitero, como siempre lo he hecho, mis deseos de rolear con quien desee, y mientras tanto me encontraré exponiendo los cambios en el personaje mediante relatos.
Gracias a quien haya leído hasta aquí.]
‘¿Qué es lo que ves?“ Repetía una voz en su cabeza, en un sentido para nada literal, claro estaba, pues ante el espejo lo único distinguible eran la soledad y quietud de cada objeto en la habitación.
No era que necesitase recordar su reflejo, su otra versión en un mundo que ella pensó paralelo, pero al menos gustaría ver el cambio en aquella mirada con la que lograba causar terror, capaz de arrancar gritos, de controlar, de ahogar seres en el mismo infierno con solo observarles.
¿Añoranza? Aunque se pudiese pensar, era más la curiosidad. Dependía de su imaginación y visión respecto a otros para formarse una imagen de sí misma, y si algo detestaba, era depender de las ideas en su mente.
La ventaja de cometer un asesinato es que, una vez la sangre mancha tus manos, una nueva percepción del entorno comienza a reinar; ausencia de inocencia y remordimiento, un camino distinto al pensamiento abriéndose a su paso. El resto comienza a carecer de importancia, cualquier acto resulta posible una vez te vuelves dueño de una vida, y es entonces cuando realmente se comprende la fragilidad de la existencia, lo efímera y manipulable que resulta; tan sencilla de apagar como una vela, un entretenimiento para quienes gozan de la inmortalidad.
La protección era algo que no desconocía Viore, siendo que cada uno de sus hermanos, con aquellos que se reencontraba al menos, se volvieron la representación de tal palabra. Se pensaría que entre personalidades inhumanas, sanguinarias, autores de algunos de los mayores crímenes en la historia, no habría espacio para que el afecto, cierta clase de cariño, floreciera en el jardín marchito que era su naturaleza.
Cada mente, un mundo distinto, era completamente desconocida, pero si de algo se podía estar seguro era que dentro de mismos relativos existía una cercanía que si bien no podría siempre definirse como amor, revelaba una posesión, una parte de sí mismo para quien procuraba. La sangre llama a la sangre, incluso dentro de los seres más crueles e independientes.